El 18 de mayo de 1960, en Hampden Park, el Real Madrid ganó 7-3 al Eintracht de Fráncfort y levantó su quinta Copa de Europa consecutiva. Más de sesenta años después, aquella final sigue siendo considerada por muchos la mejor jamás disputada. Ferenc Puskás marcó cuatro goles. Alfredo Di Stéfano marcó los otros tres. Ningún jugador ha vuelto a marcar cuatro tantos en una final de la máxima competición europea.
Para entender Glasgow hay que volver a 1958. Puskás llegó al Real Madrid con 31 años, procedente del Honved de Budapest, después de cumplir dos años de sanción de la FIFA por su huida de la Hungría comunista. El fichaje fue polémico por su edad y por su sobrepeso: Juventus, Milan y Manchester United ya lo habían descartado por esos mismos motivos.
La afición española desconfiaba. Pensaban que un hombre tan mayor y con unos kilos de más poco podía aportar a un equipo que ya contaba con Di Stéfano, Kopa, Rial, Santamaría y Gento. Se equivocaban. Puskás anotó cuatro tripletas en su primera temporada de Liga y quedó segundo en la tabla de goleadores con 21 tantos, solo por detrás del propio Di Stéfano.
Aquella primera temporada terminó con la cuarta Copa de Europa consecutiva ante el Stade de Reims, pero Puskás no jugó la final: el técnico Luis Carniglia lo dejó fuera por decisión técnica. Bernabéu lo destituyó poco después. La revancha llegaría un año más tarde.
La temporada 1959-60 fue la mejor de Puskás en el club: máximo goleador de la Liga con 25 tantos y 47 goles en total contando todas las competiciones. Llegó a la final europea en un estado de forma difícil de igualar.
El Eintracht de Fráncfort no era un rival menor. Había eliminado al Rangers en semifinales con un global de 12-4, y de hecho se adelantó en el marcador en Glasgow. A partir de ahí, el partido se convirtió en una exhibición. Di Stéfano firmó un triplete y Puskás, con su zurda inverosímil —la que le valió el apodo de Cañoncito Pum—, marcó cuatro veces.
El 7-3 cerró la serie más dominante de la historia del fútbol europeo: cinco Copas de Europa consecutivas, de 1956 a 1960. Ninguna otra plantilla se ha acercado siquiera.
Glasgow no fue un caso aislado. Puskás marcó siete goles en dos finales de Copa de Europa: los cuatro de 1960 y un triplete en la final de 1962 ante el Benfica, un partido que el Real Madrid acabó perdiendo 5-3. Es una estadística que resume bien lo que fue su carrera en Chamartín: números descomunales incluso cuando el equipo no ganaba.
En sus ocho temporadas de blanco conquistó tres Copas de Europa y cinco Ligas consecutivas entre 1961 y 1965, además de la Copa del Generalísimo de 1962 y una Copa Intercontinental. Ganó el Pichichi en cuatro ocasiones —1960, 1961, 1963 y 1964— con 26, 27, 26 y 20 goles respectivamente, y superó los 20 tantos en cada una de sus seis primeras campañas en España.
Puskás se retiró en junio de 1966, a los 38 años. Murió el 17 de noviembre de 2006 en Budapest. El estadio nacional de Hungría lleva su nombre y la FIFA bautizó con él su premio anual al mejor gol del año.
En la historia del Real Madrid ocupa un lugar particular: no es el jugador más laureado ni el que más partidos disputó, pero protagonizó la noche individual más brillante que ha vivido el club en una final europea. Cuatro goles en Hampden Park siguen siendo, seis décadas después, un registro que nadie ha igualado.
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